La Magia De La Vida.

La Magia De La Vida.

Dicen que los tiempos cambian, que necesitamos integrarnos a las nuevas formas, a las nuevas generaciones, algunos dicen renovarse o morir.

¿Como acoplarse a los nuevos tiempos?, ¿cuándo los nuevos tiempos son tan inciertos y deshumanizados? 

Me resisto a dejar esas cosas bellas que en mis tiempos me hicieron saber lo hermoso de la vida, a saber que estoy viva, hoy tengo 53 años, nací en 1968, justo en Noviembre el 20, eso es muy significativo, el 20 de noviembre en mi país se celebra la Revolución Mexicana, en Noviembre es el mes de los muertos, y en el 68 fue una de las masacres más grandes, donde mataron a estudiantes por estar en desacuerdo con el gobierno, en Tlatelolco, todo eso marco mucho mi vida, para ser una persona que siempre busca cumplir sus sueños, siendo una buena persona. Mi niñez, de lo que recuerdo, fue difícil, tuve unos padres muy conservadores que poco me hablaron de sexo, menstruación, novios, de conocer mi cuerpo, esos eran temas prohibidos. En cada paso de mi vida tuve que encontrar la respuesta a todo esto sola, con mis propios recursos.

En la escuela no era muy buena, creo que las formas no me gustaban, no podía estar quieta tanto tiempo, en ese momento en mi escuela nos daban clases de Danza tradicional Mexicana y esa clase me encantaba, era como volar, era feliz en ese momento, la música era tocada en vivo por un señor que tocaba el piano, nunca supe su nombre pero sé que jamas olvidaré su melodía, tocaba hermoso. Íbamos a otras escuelas a bailar y era lo más bello, me hacía olvidar todo lo que en casa pasaba. 

Mi madre era abnegada, la recuerdo revelándose ante papá y, aunque le costaba, era una mujer dura, le costaba porque papá era agresivo y aunque poco lo recuerdo sé que él era así.

Fuimos 7 hermanos, 5 hombres y 2 mujeres, los quería mucho, jugábamos todo el día, aunque mamá era muy estricta con nosotros. Eramos una familia de clase media, vivíamos con lo justo, pero recuerdo que eramos felices. Cuando papá podía nos llevaba los fines de semana a visitar los pueblos cercanos a la ciudad de México, eran hermosos esos recorridos, comíamos cosas típicas, siempre nos mostró lo bello de nuestra cultura, él se sentía orgulloso de ser Mexicano, así como mamá, ella nos cocinaba muy sano siempre, nos mandaba un almuerzo para el recreo que ella misma hacia con sus manos, no nos daba dinero para que no compráramos comida chatarra y siempre saliendo de la escuela nos compraba en el mercado dulces caseros típicos mexicanos, en verdad eran muy ricos, no los puedo olvidar. Cuando llegábamos a casa de la escuela la comida estaba lista, en esos tiempos la carne era muy cara y eramos muchos así que comíamos poca carne, ella cocinaba tan rico, creo que ella con esos detalles nos decía a gritos cuanto nos amaba, ya que era poco expresiva para decirnos cuanto nos amaba, pero sus detalles lo decían todo.

La escuela si bien no me gustaba por las formas de enseñar, recuerdo que mis maestras eran muy respetuosas, ellas amaban ser maestras, solo que muchas veces no las dejaban hacer cosas nuevas, pero en verdad eran personas muy cultas, tenían dos o tres carreras, estudiaban mucho, yo las admiraba. La maestra al final del la primaria era como de la familia y si en el próximo ciclo escolar tenía a uno de nuestros hermanos se ponían contentas. Los compañeros eran amorosos y respetuosos, nuca sufrí de maltrato y en verdad cuando había algo de burlas eran demasiado sanas, fácil de olvidarlas.

Vivir en la ciudad de México era muy lindo, había tantos lugares bellos que visitar y mi mamá nos llevaba a colonias muy antiguas como San Ángel o Coyoacán, nos contaba leyendas antiguas de esos lugares haciéndonos creer que eramos parte de la historia, esos lugares nos transportaban. Nos sentábamos en una fuente muy antigua comiendo una nieve de Limón mientras escuchábamos las leyendas cuando repentinamente, de una casa muy vieja, salían unas señoras que parecían traídas de la época antigua, vestidas de negro con la cara cubierta, mi mamá decía que cuando las mujeres nunca se casaban su vida la dedicaban a servir a la iglesia y se conservaban señoritas toda su vida, yo no comprendía nada en ese momento, pero me gustaba. 

Cuanto amaba a Mamá, en verdad era tan bella, con su pelo largo negro y rizado, sus ojos siempre llenos de brillo aunque con una tristeza muy profunda, una que nunca comprendí, pero en verdad era bella.

Crecí en medio de la ciudad, pero amando la naturaleza, eso nunca falto en mi vida, Mamá y Papá siempre nos enseñaron a respetar la naturaleza así como a los demás, como nuestros hermanos, y por ende, a respetarnos a nosotros mismos. Crecí escuchando a Mamá diciéndonos a mi hermana y a mí que nunca nos dejáramos humillar por los hombres, que siempre peleáramos por nuestros sueños y que no fuéramos mujeres sumisas. Mi hermana y yo eramos jóvenes duras, pero muy amorosas, buscando siempre ser mujeres fuertes, sabias, alegres, amorosas, mujeres muy empoderadas de nuestras vidas.

Mi primer amor fue cuando yo tenía 13 años, en verdad lo recuerdo, eran tiempos difíciles porque yo no tenía permiso de salir, yo no podía tener amigos hombres y mucho menos un novio, así que en conjunto con mi hermana me salía a escondidas y, aunque lo veía poco tiempo, eso en verdad era emocionante, esperar el momento para verlo, platicar, mirarnos mutuamente a los ojos, pasar horas charlando o en silencio aunque siempre presentes, un amor joven lleno de lindos momentos, uno que hacia que los besos fueran con tanta inocencia que nos sentíamos culpables, provocando cosas en mí estomago que no puedo explicar, cosas que en verdad me hacían feliz, regresaba a mi casa como si estuviera caminando sobre nubes, él era más grande que yo, pero muy amable y amoroso.

Y así pasaron los años, después de que Papá murió, mamá se hizo cargo de nosotros junto con los  hermanos mayores cambiando las cosas un poco. Ella se veía más feliz, le brillaban los ojos de otra forma, la tristeza seguía en la profundidad de su mirada, pero era más feliz y, aun así, recordaba a papá con nostalgia. 

Yo no recuerdo a mi padre y no entiendo el porqué.

Entonces llegaron momentos de juventud más difíciles porque yo deseaba ser bailarina, pero mi madre decía que eso no era lo mejor para mí, fue por eso que  entre a estudiar administración de empresas turísticas, donde me di cuenta que sabía disfrutar donde quiera que estuviera y sacarle el mejor provecho a todo  lo que se me presentara aunque no me gustara mucho, así que comencé a disfrutar estar en esa escuela. Eramos muchas mujeres y me fascinaba. Eran un grupo de mujeres alocado, aprendí tanto en ese lugar pero no precisamente de los maestros, cosas de las que nunca había escuchado hablar, cosas que todos los días me sorprendían, y me encantaba aprender cosas.

Conocí la ciudad de otras formas que me encantaron, comencé a tener otro tipo de amigas y amigos y lo disfrutaba tanto, los fines de semana todos los chicos jugaban futbol Americano en la calle y competían contra otros equipos mientras las chicas les dábamos animo, que bellos momentos. Después nos sentábamos en la vereda a tomar refresco o algún jugo natural y, en otras ocasiones, nos mojábamos en la calle porque ganaban y hacia mucho calor, salíamos todos juntos a patinar cuando comenzaba la fiebre de los patines, algo que determinaba la nueva película en el cine, fue así que todos patinábamos durante horas y horas, jugando en la calle con los amigos, riendo, platicando, cantando, bailando.

Esta historia tiene tantos detalles que en verdad podría escribir un libro, pero quiero parar aquí, hoy no puedo entender esta generación, no es que no quiera, y es que hoy en el año 2020, y con 53 años sobre mis hombros es que me pregunto, ¿en verdad esta época es buena?.

Algunos dicen que la tecnología será la conexión entre los humanos, que llegaremos a tener máquinas que nos proporcionen alimento solo con apretar un botón, que todo será más fácil con toda esta tecnología.

Hoy me siento vacía, con la computadora, los celulares, llegó a más gente pero poco llegamos a sentirnos, a ser empáticos, a amarnos con nuestras diferencias.

En esos tiempos tuve muchos amigos, en verdad amigos, sin juzgar y siempre presentes, de hecho algunos todavía se comunican, gente que hoy puedo decir que son mis amigos, mientras hoy por internet la gente que te da una cara pero en verdad está poniendo otra detrás de la cámara, no sabe quererte incondicionalmente, si piensas diferente te juzgan y dejan de considerarte amigo, sin importar lo que juntos pasamos o lo que nos pudimos confiar o lo que pudimos vernos.

Me resisto a perder a un buen amig@ que te mire a los ojos y sea capas de decirte lo que no estás haciendo bien simplemente porque quiere lo mejor para ti, me resisto a perder un abrazo de mis hermanos o de mi madre, me resisto a perder el vínculo familiar como mi soporte en la vida, me resisto a perder esos momentos de romanticismo cuando alguien quiere algo contigo, esos momentos de tomarse de la mano y morar los ojos de esa persona con la que quieres pasar un buen momento, me resisto a perder mis raíces, mis tradiciones, me resisto a perder el poder sembrar mis propios alimentos y tocar la tierra, mirar al cielo y agradecer a la vida por todo lo vivido y por todo lo que nos da, no quiero dejar de ser libre, de sentir mil veces. Preferiría que las computadoras, los celulares y todas esas máquinas no me hagan más fácil la vida, quiero esforzarme por todo lo que quisiera, para aprender a valorar a los demás.

Me resisto a perder una caminata por la playa, tomada de la mano del amor de mi vida, de sentarnos horas a hablar y a mirarnos, me resisto a perder mi naturaleza humana, el ser hombre y ser mujer, ser una familia, y vivir cerca de ella.

¿Como adaptarse a esta época tan fría, deshumanizada, falta de amor, de empatía, de respeto y amor a la naturaleza?

 ¿Como enseñarles a mis hijos todo esto cuando se extingue poco a poco?

Sé que mi vida no fue la mejor, pero era feliz y aprendí a sobrevivir siempre con una sonrisa en mi rostro, sabiendo que amo intensamente la vida y la agradezco.

Todo eso me enseño a vivir aquí y ahora, a saber que todo dependía de mí de como lo quería vivir, a saber amar intensamente, ese amor silencioso, pero tan fuerte que mamá nos enseñó, ¿cómo dejo de decir gracias, ver en los demás a un verdadero amigo cuando te da la espalda con tanta facilidad, cuando a mí me enseñaron a confiar y amar incondicionalmente?

¿En verdad tengo que adaptarme a este tiempo o ver la manera de interactuar y seguir enseñando a mis descendencias a vivir y no a sobrevivir?

En verdad aprendí la magia de la vida, a ser yo, a buscar y seguir mis sueños, fue doloroso, difícil pero altamente satisfactorio, hoy puedo agradecer a esa vida menos fácil, pero más llena de vida, una que pude experimentar en mi generación, soy una persona que sabe que la constante es el cambio, y que tengo que surfear la ola de la vida con respeto, amor, entrega y disciplina, eso es mi libertad, soy libre y eso solo lo logre yo asimilando quien soy y lo que vine a aprender.

Soy dichosa por haber nacido en esa generación, en tiempos donde la Revolución, la rebeldía y la lucha por nuestros ideales era la motivación para vivir, amar y respetar a los demás, o por lo menos eso era para mí.

Amo una bella canción romántica que me conecte con un bello momento, amo la simpleza de sentarme a mirar hacia el horizonte, amo caminar descalza y sentir la tierra en mis pies, amo un te amo, amo un te extraño amiga, amo una mirada sincera de un amig@, amo el abrazo de mi madre, de mi hermana, amo pasar la navidad con mi familia, amo ser, amo enojarme, amo los ríos, amo el mar, amo solo estar, amo usar mi creatividad para el bienestar de alguien más, amo estar para los demás, amo un beso de mis hijos, amo hacer el amor con quien amo, amo la mirada de mi esposo llena de amor, los amo y es por eso que amo la vida.

Todo lo que me hace feliz no se compra con dinero.

Gracias.

–  Beatriz Ramírez, Artista y Diseñadora de Permacultura Regenerativa.

Más Instituto Transforma al mundo

Comentarios

No hay comentarios

Mundial de Permacultura

Los Niños, los Jovenes y la Educación Regenerativa

Conoce más